Redacción, 26-10-2026.- Con la llegada del otoño y el descenso de las temperaturas es habitual que vuelvan los guisos, las cremas y otros platos calientes y que algunas personas perciban que tienen más hambre o prefieran comidas más contundentes. Aunque el organismo activa mecanismos para mantener la temperatura corporal cuando hace frío, en la mayoría de las personas que desarrollan su actividad habitual en espacios climatizados este aumento del gasto energético suele ser modesto y no implica necesariamente una mayor necesidad de calorías.
Tal y como recoge Sanitas, cuando el cuerpo se expone a temperaturas bajas activa mecanismos de termogénesis para producir calor y mantener estable su temperatura. Los estudios experimentales confirman que una exposición aguda al frío puede aumentar el gasto energético, pero la respuesta varía según la intensidad y duración del estímulo, la composición corporal, la edad y el grado de aclimatación. Esta evidencia no permite concluir que el frío cotidiano aumente de forma relevante las necesidades calóricas ni que provoque por sí solo más apetito, especialmente cuando se permanece en espacios climatizados y se utiliza ropa adecuada.
«Es habitual que muchas personas noten más apetito cuando llega el otoño, pero eso no significa necesariamente que su organismo necesite más calorías. En la práctica, solemos pasar más tiempo en interiores, reducir algo la actividad física y recurrir con mayor frecuencia a platos más contundentes y energéticos. Antes de aumentar las cantidades, conviene valorar si las comidas habituales son completas e incluyen suficientes alimentos promueven la saciedad, como verduras, legumbres, proteínas de calidad o cereales integrales», explica Ingrid Daniele, nutricionista de Blua de Sanitas.
Además, la forma de comer cambia con las estaciones. Cuando bajan las temperaturas suelen resultar más apetecibles las preparaciones calientes, pero adaptar el menú al otoño no implica convertir cada comida en un plato más calórico. Un potaje de legumbres con verduras, unas lentejas estofadas, una crema de calabaza acompañada de pescado o huevo, o unas verduras asadas con garbanzos permiten mantener platos calientes, saciantes y nutricionalmente completos sin necesidad de recurrir a ingredientes de consumo ocasional como embutidos grasos o salsas muy calóricas.







