Redacción, 09-09-2026.- Miles de niños de 0 a 3 años comienzan la escuela infantil y, para muchos, será la primera vez que se separen momentáneamente de sus adultos de referencia. Ello da lugar a los habituales llantos y pataletas a la entrada de los centros que tanta angustia y culpabilidad generan en los progenitores. Pero lejos de autoinculparse por dejar a los pequeños en manos de otras personas mientras observan sus rostros llorosos y sin consuelo, los padres han de recordar los grandes beneficios que esta nueva etapa generará para el retoño, y que contribuirán al desarrollo de sus habilidades sociales y emocionales.
El jefe de Pediatría del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, el doctor José Luis Díaz, destaca, entre estos beneficios, «aprender a compartir un espacio, esperar turnos, imitar conductas, comunicarse, expresar emociones y resolver pequeños conflictos», todo dentro de unas «oportunidades de interacción que pueden ser muy enriquecedoras».
El doctor José Luis Díaz señala que llorar al entrar por primera vez en la escuela infantil «puede ser algo frecuente y lógico» porque «supone un cambio en su mundo habitual y durante unas horas se separan de sus figuras adultas de referencia, entran en un entorno desconocido, aparecen personas nuevas y se introducen nuevos horarios y rutinas.
El llanto no es más que su manera de expresar inseguridad y de protestar ante una situación que el niño no comprende todavía«, señala el facultativo, quien aconseja que la despedida sea «breve, afectuosa y clara. Hay que decirle que nos vamos, que volveremos a buscarle pronto y despedirse. No es recomendable prolongar la despedida ni marcharnos a escondidas para evitar que llore», enfatiza.
Un aspecto importante es, señala el doctor, que los niños «perciben la ansiedad de los padres perfectamente», por lo que «si nosotros vivimos la separación con angustia, es más probable que ellos también lo hagan».
En cuanto al periodo de adaptación, su duración «es variable» y «cada niño tiene su propio ritmo». En algunos casos, la adaptación puede producirse «en pocos días» y en otros puede necesitar «varias semanas», dándose el caso de que «incluso puede haber niños que inicialmente parecen adaptarse muy bien y después tengan algún momento de mayor dificultad».
Para el doctor Díaz, es también fundamental «no transmitir al menor mensajes contradictorios ni convertir cada mañana en un momento dramático ni interrogarle después constantemente sobre si ha llorado o se ha encontrado mal». Muy al contrario, considera que «es preferible» preguntarle de manera positiva por su día y «reforzar sus pequeños avances».









