Redacción, 05-04-2026.- Con la llegada de la primavera, aumentan las horas de luz, las temperaturas y la exposición a alérgenos como el polen. Estos factores pueden convertirse en un detonante para quienes padecen piel sensible, dermatitis atópica o dermatitis de contacto. En España, la Sociedad Española de Alergología (SEAIC) estima que uno de cada cinco españoles sufre trastornos alérgicos intensificados en primavera, lo que tiene un impacto directo sobre la piel al aumentar el riesgo de irritación y brotes eczematosos.
Piel sensible
Este cambio de estación supone un reto especial para quienes tienen la piel reactiva.
Según advierte el doctor Vicent Alonso, dermatólogo y director de la unidad de Dermatología y Cirugía Plástica del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre, “la combinación de mayor radiación ultravioleta, contacto con polen, cambios bruscos de temperatura y el aumento de actividades al aire libre provoca un incremento de irritaciones, rojeces, picor e incluso brotes inflamatorios”. Para el profesional, “la mayor exposición al sol y a irritantes como el polen convierte la primavera en un viacrucis de rojeces y picor para las pieles sensibles”.
Estos factores ambientales pueden agravar condiciones como rosácea, dermatitis atópica o dermatitis de contacto, especialmente en pacientes cuya barrera cutánea ya está debilitada.
El Dr. Vicent Alonso afirma que “en primavera vemos un aumento claro de consultas por irritaciones, brotes y empeoramiento de patologías inflamatorias. Es una época en la que la piel necesita más protección, más hidratación y más vigilancia.” “La población, -subraya el especialista-, suele infravalorar la fuerza del sol primaveral: aunque no recibimos las temperaturas del verano, la radiación UV puede desencadenar inflamación, manchas y descompensación en pieles delicadas. Además, el polen es un irritante habitual que afecta no solo a vías respiratorias, sino también a pieles vulnerables”.








