Redacción, 26-01-2026.- Con la llegada del invierno y el aumento del tiempo en estancias cerradas, incrementa la circulación de virus respiratorios. En este contexto coinciden la gripe, la COVID, el virus respiratorio sincitial (VRS) y el resfriado común, todos ellos con síntomas que pueden solaparse en las fases iniciales. Aunque no siempre resulta sencillo identificar el origen del cuadro al comienzo, en la mayoría de los casos el abordaje inicial es similar y se centra en aliviar los síntomas. Por eso, desde un punto de vista de educación sanitaria, cobra especial relevancia reconocer qué perfiles presentan más riesgo y qué signos indican que conviene consultar con un profesional sanitario.
“Al inicio es frecuente la aparición de malestar general y congestión. La clave está en observar cómo evolucionan los síntomas y cómo progresa el cuadro con el paso de los días. Esa evolución, junto con la edad y los antecedentes de cada persona, ayuda a valorar el nivel de riesgo y a decidir cuándo conviene consultar”, explica Alfonso Marco, jefe de servicio de Urgencias del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
En términos generales, la gripe suele comenzar de forma brusca, con fiebre alta, dolor muscular intenso y un cansancio acusado que limita la actividad diaria. Aunque aparecen tos o dolor de garganta en algunos casos, destaca el impacto general sobre el organismo, más que los síntomas localizados en nariz o garganta.
En el caso de la COVID, el inicio puede ser gradual o repentino y la sintomatología resulta más variable. Se manifiesta con fiebre, tos, dolor de garganta, cefalea o fatiga y, en determinadas personas, con alteraciones del gusto u olfato, aunque estas no siempre están presentes. Esta diversidad de manifestaciones explica que, en los primeros días, resulte difícil diferenciarla de otros procesos respiratorios.

El virus respiratorio sincitial presenta un comportamiento distinto según la edad. En bebés y niños pequeños suele manifestarse con tos persistente, dificultad para alimentarse y signos de esfuerzo respiratorio. En adultos jóvenes cursa habitualmente como un cuadro leve, similar a un catarro, mientras que en personas de edad avanzada, durante el embarazo o cuando existen patologías crónicas o situaciones de inmunodepresión, aumenta el riesgo de complicaciones y puede requerirse una valoración clínica más temprana.








