Redacción, 14-08-2025.- Aunque el verano y la exposición a la luz solar suelen asociarse con bienestar y felicidad, cuando las temperaturas superan los 38 grados el calor puede afectar negativamente al cerebro. Según expertos, el hipotálamo, responsable de regular funciones vitales como la temperatura corporal, el hambre, la sed y el sueño, se sobrecarga para mantener el cuerpo fresco, lo que provoca alteraciones en la memoria, el estado de ánimo, el comportamiento y el descanso.
La Dra. María García Galant, jefa del Servicio de Neuropsicología del Hospital HM Nou Delfos, señala que «este esfuerzo del hipotálamo puede restar recursos al lóbulo frontal, donde se gestionan la atención, la memoria y el razonamiento».
Además, el sistema límbico, que controla las emociones, también se ve afectado, causando síntomas como inquietud, apatía, mal humor o agresividad. Estos cambios son especialmente preocupantes en personas con enfermedades neurológicas previas, ya que pueden aumentar episodios de confusión y desorientación, según recoge HM HOSPITALES.
La luz solar tiene efectos positivos en la salud, como la producción de vitamina D y serotonina, que mejora el ánimo y la relajación.
Sin embargo, el calor extremo puede contrarrestar estos beneficios, alterando la regulación emocional y cognitiva. Además, la sobrecarga del hipotálamo dificulta conciliar el sueño, afectando la calidad del descanso durante el verano.
Finalmente, el organismo también modifica la sensación de hambre y sed con el calor. Mientras disminuye la necesidad de ingerir alimentos para ahorrar energía, aumenta la demanda de líquidos para mantener una correcta hidratación, un aspecto fundamental para evitar complicaciones asociadas al calor intenso.








