Redacción, 12-03-2026.- Durante el invierno, la reducción de la exposición a la radiación ultravioleta limita la capacidad del organismo para sintetizar vitamina D a través de la piel. Este descenso previo a la primavera puede afectar a una parte de la población y pasar desapercibido durante semanas o meses. La vitamina D interviene en la absorción del calcio y en el mantenimiento de la salud ósea y muscular, por lo que un déficit mantenido puede repercutir en la funcionalidad diaria.
Sin embargo, el déficit no siempre se manifiesta con señales evidentes. En adultos, cuando es relevante, puede asociarse a osteomalacia, una alteración que se caracteriza por un debilitamiento progresivo del hueso y una mayor fragilidad muscular.
En la práctica clínica, estos síntomas pueden confundirse con molestias habituales del invierno, como una sensación persistente de cansancio o una menor tolerancia al esfuerzo, lo que retrasa su identificación.
Ante esta situación, resulta importante evitar interpretaciones simplificadas. “La síntesis cutánea de vitamina D depende de la radiación UVB, pero la exposición intencionada al sol sin protección no es una estrategia segura. El daño solar se acumula y el riesgo de cáncer de piel aumenta”, explica Cristina Villegas, jefe de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
El abordaje clínico requiere también prudencia en el uso de pruebas y suplementos. De hecho, el Ministerio de Sanidad ha recordado la necesidad de un uso racional tanto de las determinaciones analíticas como de la suplementación, y desaconseja su empleo sin indicación médica. La valoración puede resultar adecuada cuando existen síntomas o factores de riesgo, siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario.








