Redacción, 07-03-2026.- Sentir “un nudo en el estómago” antes de un compromiso social es una reacción frecuente. Sin embargo, cada vez hay más evidencia de que la ansiedad, el estrés emocional o la denominada fatiga social pueden manifestarse también a nivel digestivo, provocando también síntomas como dolor abdominal, hinchazón, diarrea o estreñimiento.
Este fenómeno se explica a través del eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional que conecta los procesos emocionales con el funcionamiento digestivo. En situaciones de estrés o sobrecarga emocional, el organismo activa respuestas fisiológicas que pueden modificar la motilidad intestinal, aumentar la percepción del dolor y favorecer la aparición de molestias, sobre todo en personas con predisposición o mayor sensibilidad, según FARMASIERRA.
Esta interacción resulta especialmente relevante en los trastornos funcionales digestivos, como el Síndrome del Intestino Irritable (SII), una patología que afecta aproximadamente al 15% de la población y que se caracteriza por dolor abdominal recurrente, hinchazón y alteraciones del ritmo intestinal, con un impacto significativo en la calidad de vida.
“El intestino es particularmente sensible a los cambios emocionales. Factores como el estrés, la falta de descanso o la sobrecarga social pueden desencadenar o agravar síntomas digestivos”, explica la Dra. Ana Isabel Ortiz Gutiérrez, gerente del Área de Salud de Grupo Farmasierra. “Comprender esta conexión ayuda a identificar patrones, reducir la incertidumbre y buscar el abordaje más adecuado”.
El eje intestino-cerebro y el papel de la microbiota intestinal
Además del eje intestino-cerebro, la microbiota intestinal -el conjunto de microorganismos que habitan en el intestino- desempeña un papel relevante en la función digestiva y en la interacción entre el organismo y el entorno. Mantener su equilibrio se asocia con un mayor bienestar digestivo, especialmente en personas con sintomatología recurrente.








