Redacción, 09-03-2026.- La gestión del hogar, la atención a los hijos y el cuidado de familiares forman parte de la vida diaria y, cuando no se distribuyen de forma equilibrada, pueden generar una sobrecarga continuada que afecta al equilibrio físico y emocional. Los datos oficiales confirman que esta distribución sigue siendo desigual.
Según cifras del Ministerio de Igualdad, el 41% de las mujeres cuida a otras personas a diario frente al 33% de los hombres. Además, el 64% realiza tareas domésticas cada día frente al 44% de los hombres. Esta brecha ayuda a explicar por qué determinadas mujeres presentan mayor riesgo de desgaste prolongado. Una brecha que suele ser más marcada en el caso de las personas mayores.
Muchas mujeres de generaciones anteriores asumieron durante décadas la mayor parte de los cuidados, lo que puede tener un impacto acumulado en su salud según van cumpliendo años. “En la práctica asistencial vemos mujeres mayores con un desgaste físico y emocional mantenido tras años de carga continua. Tener en cuenta ese recorrido vital es clave para ofrecer una atención integral que también contemple aspectos relacionados con su bienestar mental y su socialización”, concluye por su parte Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.
Estrés, ansiedad y depresión
Por su parte, Soledad Scarcella, psicóloga de Blua de Sanitas, explica que «la presión no suele aparecer de manera abrupta». «Se instala progresivamente cuando la persona percibe que la responsabilidad final depende siempre de ella. Esa sensación de disponibilidad constante mantiene elevados los niveles de activación y dificulta el descanso real”, detalla.
Más allá de las tareas visibles, la planificación continua del día a día exige anticipar necesidades, coordinar horarios y resolver imprevistos. Esta actividad mental constante puede interferir en la calidad del sueño y en la regulación emocional. Con el tiempo pueden aparecer síntomas como irritabilidad, fatiga cognitiva y dificultad para concentrarse.








