Redacción, 16-08-2025.- Un nuevo estudio de neuroimagen revela que la actividad física protege regiones cerebrales vulnerables y ayuda a frenar el deterioro cognitivo en la enfermedad de Parkinson. Este trabajo, liderado Pablo Mir y Michel Grothe, con Patricia Diaz-Galvan como primera autora, se ha llevado a cabo en el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS) dentro del grupo de “Trastornos del movimiento”.
El trabajo aporta nuevos datos sobre cómo la práctica regular de ejercicio puede frenar los procesos neurodegenerativos que afectan a la cognición en la enfermedad de Parkinson.Tal y como recoge Gaceta Médica, estos descubrimientos, recientemente publicados en la revista científica Neurology, abren la puerta a revisar las estrategias terapéuticas actuales e incorporar el ejercicio físico como una herramienta esencial para ralentizar la progresión de esta enfermedad neurodegenerativa.
La enfermedad de Parkinson afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo y es la segunda patología neurodegenerativa más prevalente, solo por detrás del alzhéimer. Hasta ahora, las estrategias terapéuticas se han centrado principalmente en tratamientos paliativos orientados a aliviar los síntomas motores. Sin embargo, en los últimos años la actividad física ha emergido como una intervención prometedora, con potencial no solo para mejorar la función motora, sino también para influir en la progresión de la enfermedad.
Impacto del ejercicio físico
Diversas investigaciones han demostrado que el ejercicio físico regular no solo atenúa los síntomas motores, sino que además puede ralentizar o reducir el avance de otros síntomas asociados al párkinson, como el deterioro cognitivo. Este último, que puede aparecer incluso en fases tempranas de la enfermedad, tiene una elevada prevalencia y un profundo impacto en la autonomía y la calidad de vida de los pacientes y sus familias.








