Redacción, 04-07-2025.- El calor, la deshidratación y los cambios en la rutina diaria reducen con frecuencia el apetito en las personas mayores durante los meses de verano. Esta situación, conocida como hiporexia, puede derivar en una ingesta insuficiente de nutrientes, con el consiguiente riesgo de desnutrición, pérdida de masa muscular o debilitamiento del sistema inmunológico.
Tal y como recoge SANITAS, el aumento de las temperaturas altera los mecanismos naturales de regulación del hambre y la sed. Esto genera la reducción de la sensación de apetito haciendo que el organismo priorice la termorregulación frente al proceso digestivo. Como resultado, las comidas calientes o copiosas suelen resultar poco apetecibles. A este efecto físico se suman factores emocionales como la tristeza, la soledad o la ansiedad, que también afectan a la relación con la comida.
«El apetito está influido por múltiples factores, no solo fisiológicos, sino también emocionales, sociales e incluso ambientales. Por eso, ante una pérdida de interés por la comida, es fundamental realizar una evaluación individualizada. Sin embargo, en muchos casos, pequeñas intervenciones como ajustar la textura de los alimentos, cambiar los horarios de las comidas o introducir estímulos sociales en el entorno, pueden evitar complicaciones derivadas de una nutrición inadecuada», explica Miryam Piqueras, directora de Gobierno Clínico de Sanitas Mayores.
En este contexto, resulta fundamental ofrecer platos frescos, ligeros y fáciles de consumir, que estimulen el apetito sin suponer un esfuerzo para el organismo.








