Redacción, 01-11-2025.- El ictus, también conocido como ataque cerebrovascular, se produce cuando el flujo sanguíneo al cerebro se interrumpe de forma brusca por un trombo cerebral, o bien por un sangrado debido a rotura de una arteria o vena. Su detección y tratamiento precoz son trascendentales, ya que cada minuto sin atención médica puede suponer la pérdida irreversible de millones de neuronas. En este contexto, la educación en prevención y el reconocimiento de sus signos de alerta se han convertido en fundamentales para mitigar su impacto.
Según la Sociedad Española de Cardiología, alrededor de 120.000 personas sufren cada año un ictus en España, de las cuales aproximadamente 25.000 fallecen. A nivel mundial, se estima que una de cada seis personas padecerá un ictus a lo largo de su vida.
“El ictus no siempre da señales previas, y cuando lo hace, pueden ser leves y transitorias. Por ejemplo, una pérdida momentánea de visión, dificultad para articular palabras o un hormigueo en la mitad del cuerpo son avisos comunes de un ataque isquémico transitorio, que puede ser un anticipo de un ictus más grave. En caso de reconocer estas señales, no se deben administrar medicamentos ni intentar trasladar al paciente por cuenta propia, sino llamar al 112 para garantizar una atención inmediata en una unidad especializada”, explica el Dr Víctor Gómez Mayordomo, jefe de servicio de neurologia del Hospital Blua Sanitas Valdebebas.
Los expertos de Sanitas destacan varios hábitos que pueden disminuir el riesgo de ictus:
• Controlar la tensión arterial con regularidad:
La hipertensión arterial es uno de los factores de riesgo más importantes de ictus, y muchas veces no provoca síntomas. Por ello, es recomendable medirse la presión regularmente, consumir bajas cantidades de sal y seguir las pautas médicas en caso de tratamiento antihipertensivo.
• Seguir una alimentación que cuide las arterias:
Adoptar una dieta rica en aceite de oliva virgen extra, frutas, verduras y legumbres aporta antioxidantes y grasas saludables que mantienen los vasos sanguíneos flexibles. Por otro lado, es aconsejable sustituir carnes procesadas por pescado azul y rebajar el consumo de azúcar a fin de mejorar la circulación y prevenir la acumulación de placas que obstruyen el flujo cerebral.

• Realizar ejercicio físico moderado:
La actividad física equilibra la presión arterial y el control del azúcar en sangre, dos de los grandes enemigos del cerebro. En este sentido, caminar rápido, nadar o montar en bicicleta de forma regular estimula la oxigenación cerebral y la función cardíaca. De hecho, 150 minutos semanales de actividad aeróbica y/o de fuerza son sugeribles para disminuir la probabilidad de sufrir un ictus.
• Controlar el ritmo cardíaco y el colesterol:
La fibrilación auricular, un tipo de arritmia frecuente en adultos, puede generar pequeños coágulos que viajan al cerebro. Un simple electrocardiograma permite detectarla a tiempo y tratarla con fármacos anticoagulantes.
• Reconocer los síntomas de forma precisa:
El protocolo F.A.S.T. (Face, Arm, Speech, Time) resume los pasos para identificar un ictus como pueden ser comprobar si hay desviación facial, la pérdida de fuerza en un brazo o dificultad para hablar y actuar rápidamente llamando al 112.








