Redacción, 24-12-2025.- La Navidad reúne una gran variedad de estímulos que atraen la atención de los niños, desde la decoración hasta las reuniones familiares y las actividades especiales. Esta intensidad, unida a los cambios en los horarios y en las rutinas habituales, puede provocar que algunos menores se muestren más inquietos, según Sanitas.
«Además de la emoción propia de estas fechas, muchos niños duermen menos, comen a distintas horas y participan en más actividades de lo habitual. Estos pequeños desajustes, que a menudo pasan desapercibidos, influyen directamente en su capacidad para mantenerse tranquilos y regular su energía. Por eso aparecen señales como irritabilidad, llanto más frecuente, dificultades para concentrarse o comportamientos más impulsivos de lo normal», explica Silvia Mérida Expósito, psicóloga de Blua de Sanitas.
La sobreexcitación puede aparecer en cualquier niño, independientemente de su carácter o temperamento. El sistema nervioso de los niños es más sensible a los cambios y estímulos intensos, por eso su capacidad para regularse disminuye en estas fechas. Este tipo de reacciones señala la necesidad de ofrecer espacios de pausa y apoyo para favorecer su equilibrio emocional. Detectar estas señales permite evitar cansancio intenso, frustración y tensiones familiares, lo que contribuye a unas celebraciones más serenas.
Ante esta situación, los expertos comparten algunas pautas que ayudan a favorecer una Navidad más equilibrada:
- Mantener rutinas siempre que resulte posible. Intentar conservar horarios estables de comidas, sueño y descansos aporta seguridad y evita aumentos innecesarios de energía o cansancio acumulado.
- Fomentar momentos de calma y estabilidad. Actividades tranquilas como dibujar o leer ayudan a que el niño recupere la calma y canalice su energía de forma positiva. Además, los niños se regulan mejor cuando un adulto los acompaña con calma, ofreciéndoles seguridad.
- Gestionar la entrega de regalos. Recibir muchos juguetes a la vez puede resultar abrumador. Entregarlos en distintos momentos o permitir que exploren solo uno o dos ayuda a reducir la sobreestimulación.
- Evitar agendas saturadas. Alternar actividades animadas con periodos de calma favorece una mejor gestión emocional y ayuda a que los niños disfruten de las celebraciones sin sensación de vértigo.
- No recurrir a castigos ante la sobreexcitación. Las reprimendas aumentan su tensión. En este sentido, resulta más eficaz guiarles hacia actividades calmadas y reforzar comportamientos adecuados. Asimismo, reconocer y nombrar lo que sienten, como cansancio, alegría intensa o frustración, contribuye a que aprendan a regular sus emociones.









