Redacción, 23-12-2025.- A las puertas de un nuevo año, la lista de buenos propósitos vuelve a estar encabezada por un clásico, cuidarse más. Sin embargo, del dicho al hecho, existe una brecha marcada por excusas muy interiorizadas. El estudio Bienvejecer, elaborado por las consultoras Alpha Research y Burson para la aseguradora Asisa, pone de manifiesto que, aunque la intención existe, dos de cada tres españoles solo se toma en serio su salud cuando esta le da un primer aviso o susto.
A la hora de buscar responsables para no adoptar cambios hacia un estilo de vida más sano, los españoles miran hacia adentro. Según el estudio, la principal dificultad es la falta de tiempo (48%), una barrera que se siente con especial intensidad en comunidades como Aragón y Madrid (58%). A esta le sigue de cerca la falta de motivación (38%). Resulta revelador que, aunque la falta de recursos económicos (21%) ocupa un tercer lugar en la lista general, esta se convierte en una barrera significativamente mayor para las mujeres (25%) que para los hombres (16%).
Un susto de salud es el verdadero catalizador del cambio
Tal y como recoge ASISA, la procrastinación en materia de salud es una tendencia generalizada. Tanto es así que dos de cada tres españoles (66%) creen que la mayoría de las personas de su edad solo se plantean seriamente un cambio de hábitos cuando experimentan un problema de salud relevante o un «susto» propio o de alguien cercano, una percepción que se dispara en Asturias, donde alcanza al 78% de la población. Este dato subraya una cultura reactiva frente a la prevención, donde la salud se da por sentada hasta que una señal de alarma obliga a tomar conciencia.
Pese a la tendencia a dejarlo «para mañana», la respuesta hipotética ante una advertencia médica directa es contundente. Un 59% de los encuestados asegura que cambiaría sus hábitos de forma inmediata, siendo las mujeres (62%) más decididas a hacerlo que los hombres (56%).
Esta determinación es especialmente alta en La Rioja (70%), pero desciende notablemente en Galicia, donde solo el 45% actuaría de inmediato.
De hecho, un 33% de los españoles reconoce que, aunque se lo tomaría en serio, le costaría empezar, y un 6% admite que probablemente no haría grandes cambios, evidenciando la fuerza de la inercia y la falta de motivación.








