Redacción, 08-04-2026.- Una caída no siempre termina cuando desaparece el dolor físico. En ocasiones, deja una huella emocional que condiciona la forma en la que la persona mayor se relaciona con su propio cuerpo y con su entorno.
El temor a volver a tropezar o a perder estabilidad puede llevar a reducir de forma progresiva la actividad cotidiana.
Según el Ministerio de Sanidad, el 30% de las personas mayores de 65 años y el 50% de las mayores de 80 años sufre alguna caída cada año. Sin embargo, el problema no reside únicamente en el golpe inicial, sino en la restricción de movimiento posterior.
“Después de una caída es habitual que aparezca inseguridad. El problema aparece cuando ese miedo lleva a dejar de caminar o a limitar salidas y tareas habituales, porque es entonces cuando aparece el síndrome post-caída o el miedo a caer. En esas situaciones se da ansiedad anticipatoria y puede afectar a su autoestima, llegando a verbalizar que ya no son capaces”, afirma en un comunicado Alfonsy Díaz, psicóloga de Sanitas Mayores.
También recomiendan planificar las salidas: durante las primeras semanas, realizar paseos cortos con el apoyo de un familiar o persona cercana permite recuperar confianza en entornos exteriores y reduce la anticipación negativa asociada a espacios abiertos o irregulares.
Según recoge Sanitas, otro consejo es utilizar un calzado con suela antideslizante: evitar zapatillas abiertas disminuye el riesgo de resbalones y aporta mayor estabilidad en desplazamientos cotidianos. Asimismo, es importante que estén bien ajustadas al pie y no tengan las suelas desgastadas.
“Si se actúa a tiempo, es posible impedir que un episodio puntual derive en una limitación prolongada. El miedo tras una caída debe abordarse desde una perspectiva integral que contribuya a preservar la autonomía y a mantener una vida activa con mayor confianza”, incide Piqueras.
El acompañamiento profesional también debe extenderse al propio domicilio, donde se desarrolla gran parte de la recuperación.
“Contar con asesoramiento experto en el cuidado en el hogar permite adaptar rutinas, revisar el entorno es aconsejable para mantener la continuidad asistencial tras una caída”, añade Piqueras.








