Redacción, 11-08-2025.- El daño solar acumulado en la infancia es uno de los factores clave para que en la edad adulta aparezcan problemas cutáneos graves, como el cáncer de piel.
La Dra. María Urretavizcaya, especialista del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario General de Villalba -hospital público de la Comunidad de Madrid-, subraya que «la infancia es un periodo crítico para prevenir daños solares irreversibles que pueden manifestarse años después». Por eso, proteger a los niños durante los meses de verano es fundamental y va mucho más allá de aplicar crema solar.
Tal y como recoge Quironsalud, los bebés menores de seis meses deben evitar la exposición directa al sol. Entre los seis meses y los tres años, solo se recomienda el uso de protectores físicos con factor 50. A partir de los tres años pueden añadirse filtros químicos, aunque la prioridad sigue siendo la protección física. Además, es esencial renovar la aplicación cada dos horas y después del baño para mantener la eficacia, recuerda la especialista.
Esta protección no solo previene quemaduras inmediatas -continua la Dra. Urretavizcaya-, sino que también reduce el riesgo de enfermedades dermatológicas graves como el melanoma, cuya relación con la exposición solar en la infancia está bien documentada. Por eso, el verano puede dejar una huella para toda la vida, que solo un cuidado responsable puede minimizar.
Más allá del sol: los otros riesgos que el verano trae para la salud infantil
El cuidado infantil en verano no termina en la piel. La hidratación es un pilar básico para evitar los efectos nocivos del calor. Por ello, la pediatra recomienda que los niños ingieran al menos litro y medio o dos litros de líquidos al día, además de frutas frescas como sandía y melón, que aportan agua y nutrientes esenciales.
«Es importante no esperar a que el niño tenga sed para darle agua, ya que pueden aparecer signos de deshidratación como boca seca o malestar general», advierte.








