Redacción, 28-06-2026.- La sandía es una de las frutas estrella del verano por su alto contenido en agua. Sin embargo, distintas investigaciones apuntan a que sus beneficios podrían ir más allá de la hidratación y contribuir también a la salud cardiovascular.
Las nutricionistas Linia Patel y Sophie Trotman destacan que esta fruta contiene compuestos con potencial para favorecer el organismo, aunque recuerdan que ningún alimento, por sí solo, tiene efectos milagrosos.
“Es positivo que la investigación se centre en alimentos sencillos y cotidianos, en lugar del último ‘superalimento’ de moda”, señala Patel. En su opinión, la sandía tiene además la ventaja de ser asequible, fácil de encontrar y sencilla de incorporar a la alimentación diaria.
Su principal característica es su elevado contenido en agua, lo que la convierte en una buena aliada para mantenerse hidratado durante los meses de más calor. Los especialistas recuerdan además que una parte de la hidratación diaria procede de los alimentos, por lo que frutas como la sandía pueden ayudar a reponer líquidos cuando aumentan las temperaturas.
Pero su interés nutricional no termina ahí. La sandía contiene citrulina, un aminoácido que el organismo transforma en L-arginina y que favorece la producción de óxido nítrico. Esta sustancia ayuda a relajar los vasos sanguíneos y podría contribuir a mejorar la circulación y el control de la presión arterial, según distintos estudios.
También aporta licopeno, el antioxidante responsable de su característico color rojo, al que diversas investigaciones relacionan con un posible efecto protector sobre la salud cardiovascular.
Además, contiene vitaminas C y A, así como potasio, un mineral importante para el funcionamiento de los músculos, el sistema nervioso y el mantenimiento de una presión arterial normal.
Pese a ello, las expertas insisten en que estos posibles beneficios deben entenderse siempre dentro del contexto de una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable.
Cuándo conviene consumirla con moderación
La sandía también tiene algunas limitaciones. Patel explica que posee un índice glucémico elevado, aunque su carga glucémica es relativamente baja gracias a su alto contenido en agua. Por ello, la mayoría de las personas sanas puede consumirla con normalidad.
En cambio, quienes padecen diabetes, prediabetes o alteraciones en el control de la glucosa deberían moderar las cantidades o acompañarla de alimentos ricos en proteínas o grasas saludables para ralentizar la absorción de los azúcares.








