Redacción, 22-12-2025.- La Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) subraya que introducir precozmente alimentos potencialmente alergénicos y mantener un consumo regular dentro de una dieta variada es una de las estrategias con mayor respaldo para reducir el riesgo de alergia alimentaria. En la práctica, esto implica no retrasar la alimentación complementaria y ofrecer de forma regular y en preparaciones adaptadas a la edad del niño, alimentos como cacahuete, frutos secos y huevo (siempre bien cocinado, evitando formas crudas o poco cuajadas) a partir de los 4–6 meses de vida, según recoge COMSALUD.
Las alergias alimentarias mediadas por inmunoglobulina E (IgE) constituyen un problema de salud pública y, en los últimos años, las estrategias de prevención abogan por una introducción temprana coincidiendo con la ventana de oportunidad para inducir la tolerancia oral.

“Aunque el beneficio se demostró inicialmente en lactantes de alto riesgo —por ejemplo, con eccema grave y/o alergia al huevo—, las directrices más recientes sugieren estas pautas para todos los lactantes”, asegura el doctor Javier Torres Borrego, presidente de la SEICAP.
En esta línea un estudio publicado en Pediatrics (2025) observó descensos en la incidencia de alergia alimentaria mediada por IgE (incluida la de cacahuete) tras la publicación de recomendaciones de introducción temprana, lo que respalda el potencial impacto de aplicar estas pautas de forma generalizada.
“La prevención no depende solo del cuándo, sino también de cómo se actúa después. Tras introducir un alimento y confirmar la tolerancia, es fundamental mantener una ingesta regular y continuada del mismo, idealmente varias veces por semana, para consolidar la tolerancia y evitar que se pierda por exposiciones aisladas. Por eso, si un alimento no va a consumirse habitualmente en el hogar, es preferible no incorporarlo que ofrecerlo de forma errática”, detalla el doctor Torres.








