Redacción, 21-07-2025.- La llegada del calor trae un mayor riesgo de deshidratación, especialmente en personas mayores, deportistas o quienes trabajan al aire libre. Sin embargo, a diferencia de la creencia común, sus efectos no se limitan al cansancio o los mareos, sino que también pueden comprometer la salud bucodental.
Según apuntan expertos de Sanitas, la saliva cumple una función clave en la protección natural de la boca, ya que neutraliza ácidos, lubrica los tejidos orales y combate las bacterias. Por lo tanto, cuando el cuerpo está deshidratado, se reduce su producción, dejando así a los dientes y encías más expuestos.
“Una boca seca significa tener una boca vulnerable. Sin suficiente saliva, las bacterias proliferan con más facilidad, por lo que se incrementa el riesgo de caries, enfermedad periodontal, infecciones o halitosis”, explica Lorena Trinidad Bueno, del equipo Asistencial, Innovación y Calidad Clínica de Sanitas Dental.
En este sentido, las encías también sufren con la falta de hidratación. La escasez de saliva altera el equilibrio del microbioma oral, favoreciendo la inflamación y el sangrado.
“Durante la época estival, muchos pacientes llegan con encías más sensibles o inflamadas sin haber cambiado su rutina de higiene. Esto suele deberse a la deshidratación, sobre todo si coinciden factores como el ejercicio intenso, el consumo de alcohol o de bebidas energéticas”, añade Trinidad Bueno.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que la deshidratación perjudica el estado general de las mucosas.
“Cuando el cuerpo pierde más agua de la que repone, todos los tejidos sufren. En la cavidad oral, esto se traduce en sequedad, ardor e incluso dificultad para tragar. Detectar estos síntomas puede servir como una señal temprana para prevenir complicaciones como infecciones orales, lesiones en las mucosas o agravamiento de enfermedades periodontales”, subraya Alejandro Gutiérrez, jefe de servicio de Maxilofacial del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.








