Redacción, 05-02-2026.- La mayoría de las dietas que se inician sin supervisión médica fracasan a las pocas semanas, principalmente por expectativas poco realistas y por la dificultad para gestionar factores emocionales como el estrés o la ansiedad. Así lo concluye una revisión de estudios realizada por especialistas del Hospital HLA La Salud de Cádiz, que analiza las principales causas del abandono temprano de los intentos de pérdida de peso.
Una investigación internacional publicada recientemente en la revista Obesity señala que el abandono de las dietas aumenta desde las primeras fases del proceso, especialmente cuando no se trabajan las expectativas ni los factores psicológicos, lo que refuerza la necesidad de incorporar herramientas para el manejo del estrés.
“Los factores emocionales son determinantes para que una estrategia dietética se mantenga en el tiempo”, explica la doctora Isabel Mateo, responsable de la Unidad de Endocrinología y Nutrición del Hospital HLA La Salud. “A la hora de diseñar un plan de pérdida de peso no basta con hablar de calorías o ejercicio físico; es fundamental tener en cuenta el estrés, la ansiedad y la frustración, que están detrás del llamado hambre emocional”, añade.
La relación entre el exceso de peso y la salud mental está cada vez mejor documentada. Un estudio español publicado en la revista Endocrinología, Diabetes y Nutrición señala que una de cada cinco personas con sobrepeso u obesidad presenta ansiedad asociada.
Tal y como recoge Comsalud, este problema tiene además una dimensión social relevante en Andalucía, donde más de la mitad de la población tiene exceso de peso —el 37,4 % con sobrepeso y el 18,4 % con obesidad—, según la VI Encuesta Andaluza de Salud 2023. En la provincia de Cádiz, esta realidad afecta a más de 700.000 personas.
En esta misma línea, una investigación reciente publicada en la revista Nutrients detalla que el éxito de una dieta no depende únicamente de lo que se come o del ejercicio que se realiza, sino también de cómo se gestionan el estrés, las emociones y los hábitos cotidianos. La investigación muestra que los planes excesivamente rígidos tienden a abandonarse antes, mientras que las intervenciones individualizadas y adaptadas a la vida real de cada persona ofrecen mejores resultados a largo plazo.








