Redacción, 01-09-2026.- La soledad no deseada también puede detectarse desde el mostrador de una farmacia. Así lo explica Pilar Hinojal, farmacéutica comunitaria en Madrid, en una entrevista publicada en la revista de Bidafarma, en la que pone de relieve el papel que puede desempeñar la farmacia comunitaria en la identificación y el acompañamiento de las personas que se encuentran en esta situación.
Según explica Hinojal, los profesionales de la farmacia pueden percibir determinadas señales a través del contacto habitual con sus pacientes. La cercanía y la confianza que se generan en el día a día permiten observar cambios en sus rutinas y detectar cuándo una persona puede necesitar algún tipo de apoyo.
El verano puede aumentar el aislamiento
La llegada del verano puede modificar las rutinas de buena parte de la población. En el caso de las personas mayores, el periodo estival puede suponer una reducción del contacto habitual con familiares y otras personas de su entorno, debido a los desplazamientos y a los cambios en las relaciones sociales.
Hinojal señala que esta disminución de los contactos puede favorecer situaciones de aislamiento y soledad. En este contexto, considera que la farmacia comunitaria puede desempeñar un papel importante gracias a la frecuencia con la que algunas personas acuden al establecimiento.
La medicación, una señal que puede alertar
Uno de los aspectos que puede ayudar a detectar estas situaciones es el seguimiento de la medicación. La farmacéutica explica que dejar de recoger los medicamentos o presentar cambios en la adherencia al tratamiento puede ser una de las primeras consecuencias visibles de una situación de soledad.
Por ello, considera importante que los profesionales estén atentos a estos cambios y que puedan intervenir cuando sea necesario. La propia relación de confianza entre el paciente y el farmacéutico puede facilitar que este tipo de situaciones salgan a la luz.
El valor de una llamada
Hinojal también destaca que, en determinados casos, una acción tan sencilla como realizar una llamada telefónica puede resultar favorable. El contacto y el acompañamiento pueden contribuir a que la persona se sienta atendida y a identificar si necesita algún tipo de apoyo adicional.
La farmacéutica plantea, además, la conveniencia de establecer protocolos sencillos que permitan identificar a personas que puedan encontrarse en riesgo de aislamiento y realizar contactos periódicos con ellas.
Más coordinación con los recursos sociales
La detección desde la farmacia no tiene por qué quedarse únicamente en el mostrador. Hinojal apunta a la importancia de reforzar la coordinación con los servicios sociales y con recursos como la teleasistencia, de manera que las personas que lo necesiten puedan acceder a un apoyo adecuado.
La propuesta pasa por aprovechar la cercanía de la farmacia comunitaria para detectar posibles situaciones de soledad y facilitar, cuando sea necesario, el acceso a otros recursos.
“La farmacia comunitaria es el medio más accesible para prevenir procesos de soledad y levantar la alarma cuando ya existen”, señala Hinojal en la entrevista.








