Redacción, 05-08-2025.- Con la llegada del verano, los menores dejan atrás las aulas y la rutina habitual para enfrentarse a muchas semanas de tiempo libre por delante. En ausencia de unos horarios fijos, el uso de dispositivos digitales tiende a incrementarse de forma muy notable. Las pantallas se convierten en una opción de ocio inmediata y accesible, especialmente en hogares donde los adultos continúan trabajando y los menores pasan más tiempo a solas. Un escenario que agudiza la preocupación de los profesionales de la salud infantil.
En este contexto, el sueño es uno de los grandes afectados. Según la Asociación Española de Pediatría (AEP), el uso prolongado de pantallas retrasa la hora de acostarse, dificulta la conciliación del sueño y reduce la secreción de melatonina, la hormona que regula el ritmo circadiano. Esto impacta directamente en la calidad del descanso nocturno y en la salud mental de los menores.
“Los videojuegos y las redes sociales se han convertido en ladrones silenciosos de horas de sueño”, advierte a ConSalud.es Julio Álvarez Pitti, portavoz de la AEP.
Además de alterar el sueño, el abuso de pantallas se asocia también con una peor alimentación y un estilo de vida más sedentario. “Diversos estudios vinculan el tiempo frente a la pantalla con una dieta menos saludable y un mayor riesgo de obesidad”, indica Pitti. También se reduce significativamente la actividad física diaria, algo especialmente preocupante en verano, cuando existen más oportunidades para jugar al aire libre.
“Limitar el uso de pantallas fomenta la práctica deportiva. ¡El movimiento es vida!”, subraya el especialista.
A su vez, el riesgo cardiovascular es otro de los factores que también entra en escena. La inactividad derivada del sedentarismo digital favorece el desarrollo del síndrome metabólico en edades tempranas, con consecuencias que pueden llegar a notarse a largo plazo.
“Reducir el tiempo de pantalla se ha vinculado con una disminución de la presión arterial y un aumento del colesterol bueno”, explica el jefe del Servicio de Pediatría del Consorcio Hospital General de Valencia, que incide en que el corazón también se resiente cuando la pantalla sustituye al movimiento físico.








